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11 de mayo ACTUALIDAD

Hantavirus en Paraguay: qué dice la cepa local, cuántos casos hay y qué riesgo real enfrenta la cadena agroalimentaria

Mientras el mundo sigue el brote del crucero MV Hondius con alarma, Paraguay convive desde hace años con su propia cepa endémica. Son virus distintos, con comportamientos distintos — y el sector agroindustrial tiene razones concretas para prestar atención.

Dos virus, dos escenarios: la cepa del crucero no es la de Paraguay

El brote que puso en alerta sanitaria internacional al crucero MV Hondius involucra la cepa Andes (Andes orthohantavirus), la única variante conocida hasta el momento capaz de transmitirse entre humanos, que circula principalmente en el sur de Argentina y Chile y tiene como reservorio natural al ratón colilargo (Oligoryzomys longicaudatus).

En Paraguay, la cepa presente es el virus Laguna Negra, identificado también en Bolivia, que forma parte del grupo de variantes americanas asociadas al Síndrome Pulmonar por Hantavirus (SPH). La diferencia fundamental es crítica: la transmisión de persona a persona solo se ha documentado para el virus Andes, que no está presente en Paraguay.

Esto significa que el escenario de contagio en cadena que preocupa al mundo no aplica en territorio paraguayo. Sin embargo, eso no lo convierte en un virus menor.


Los números del hantavirus en Paraguay

Paraguay acumula 196 casos confirmados de hantavirus desde 2013 hasta la semana epidemiológica 16 de 2026, con 3 nuevos casos registrados en lo que va del año, todos en la región del Chaco: dos en Boquerón y uno en Presidente Hayes.

Entre 2020 y 2025 se reportaron 110 casos, de los cuales el 73% se originaron en Boquerón. El 85% corresponde a hombres y el grupo etario más afectado es el de 20 a 39 años (62%). La letalidad acumulada es del 14%.

Las autoridades sanitarias señalan que en zonas endémicas siempre se registran entre 100 y 110 casos por año, y que en 2026 no se han registrado muertes por la enfermedad hasta el momento.


El reservorio: un roedor que vive donde trabaja el agro

En Paraguay, el principal reservorio identificado es el Callomys laucha, un roedor silvestre que elimina el virus a través de sangre, secreciones y excretas, transmitiéndolo al ser humano principalmente por inhalación de aerosoles contaminados.

Este detalle no es menor para el sector agroalimentario. El Callomys laucha habita campos, silos, galpones y zonas de almacenamiento — exactamente los espacios donde trabaja a diario la cadena productiva agroindustrial del país.


El impacto real en el sector agroalimentario

El hantavirus no es una amenaza abstracta para la agroindustria paraguaya. Es un riesgo concreto y silencioso que afecta directamente a quienes operan en el eslabón primario de la cadena:

Trabajadores rurales en primera línea. Las actividades de mayor riesgo incluyen agricultura, ganadería y trabajo en zonas silvestres, precisamente los perfiles que concentran el 62% de los casos en el grupo de adultos jóvenes de 20 a 39 años. Cada caso activo representa ausentismo laboral, costos sanitarios y alerta en los equipos de trabajo.

Silos, galpones y plantas de almacenamiento. Los espacios cerrados con acumulación de granos, harina o subproductos son entornos propicios para la proliferación del reservorio. Un protocolo débil de control de roedores no es solo un problema sanitario — es un riesgo de habilitación y exportación.

Estándares y mercados internacionales. Paraguay exporta alimentos a mercados exigentes que auditan condiciones sanitarias de producción. Un brote vinculado a una planta o establecimiento agroindustrial puede comprometer habilitaciones, generar alertas en destino y afectar la imagen del producto nacional.

Sin tratamiento ni vacuna disponible. No existe tratamiento específico ni vacuna contra el hantavirus. El manejo es de soporte, generalmente en centros con acceso a Unidades de Cuidados Intensivos. Esto hace que la prevención en campo sea la única herramienta real con la que cuenta el sector.


Qué puede hacer el sector: prevención aplicada al agro

Las medidas recomendadas por el MSPBS incluyen el uso de tapabocas al manipular zonas con polvo o excretas de roedores, desinfección con agua y lavandina, protección de instalaciones sellando accesos, almacenamiento correcto de alimentos y uso de guantes y protección respiratoria en actividades de riesgo.

Para la agroindustria, esto se traduce en protocolos específicos: control permanente de roedores en instalaciones, capacitación al personal rural, registros de incidencias y coordinación con el sistema de vigilancia epidemiológica del MSPBS.


Conclusión: endémico no significa irrelevante

El hantavirus en Paraguay no es el brote del crucero. Es una enfermedad conocida, mapeada y con zonas endémicas definidas. Pero su letalidad del 14%, su presencia en los mismos espacios donde opera la agroindustria y la ausencia de vacuna o tratamiento específico lo convierten en una variable que el sector no puede ignorar.

Gestionar el riesgo hantavirus no es alarmismo — es parte de operar con estándares sanitarios a la altura de los mercados que Paraguay está conquistando.

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